El turismo en La Rioja vive un momento dulce en cifras absolutas, pero la cara B de este éxito la escriben, día a día, los miles de profesionales del sector. Con un volumen que roza los 60.000 visitantes mensuales en sus picos más altos y una media acumulada de 45.540 turistas al mes, la actividad económica no deja de crecer. Sin embargo, detrás de la imagen festiva de terrazas llenas y hoteles al completo se esconde un modelo laboral marcado por la precariedad estructural, la rotación desmedida y una progresiva fuga de profesionales que huyen de unas condiciones cada vez más insostenibles.
Actualmente, la afiliación laboral en el sector hostelero riojano alcanza a 8.335 personas, lo que representa cerca del 7,4 por ciento del total de trabajadores del Régimen General en la comunidad (112.831 afiliados). A pesar de su carácter estratégico para la economía regional, la hostelería sigue sin consolidar empleo estable. El aumento en las contrataciones no se ha traducido en un refuerzo real de las plantillas ni en un reparto equitativo de los beneficios. Por el contrario, se observa una clara “inflación de márgenes”: mientras los precios hoteleros y de restauración suben por encima de los costes operativos, los salarios continúan situándose sistemáticamente por debajo de la media de la economía.
La falta de personal proporcional al incremento del servicio requerido genera jornadas maratonianas, cambios de turno sin previo aviso, imposibilidad de conciliar la vida laboral y personal, y un severo deterioro de la salud física y mental de las plantillas. Para CCOO Servicios, las causas de esta alta tasa de rotación son claras: temporalidad, excesiva carga de trabajo y ausencia total de perspectivas de desarrollo profesional.
“Todos los fines de semana, los hoteles están al cien por cien de ocupación y falta personal”
“La temporada alta en La Rioja ya no se limita a unos meses concretos; empieza prácticamente en Semana Santa y se alarga hasta octubre. Todos los fines de semana los hoteles están al cien por cien de ocupación. El gran problema es la falta de personal estructural. Las empresas hacen previsiones a la baja y, cuando llega el pico de clientes, en lugar de reforzar la plantilla, reajustan la carga sobre los trabajadores que ya están”, cuenta un profesional de la hotelería en La Rioja con 28 años de experiencia, tiempo suficiente para denunciar incumplimientos de los convenios.
Y es que aunque estos marcan “claramente” que los turnos deben fijarse con tres semanas de antelación, en la realidad esto es una quimera. “Te llaman el día de antes porque ha subido la ocupación y te cambian el cuadrante”. Y así, lamenta, “es imposible conciliar la vida familiar o hacer planes, Hay trabajadoras que encadenan ocho o nueve días seguidos de trabajo con ratios inasumibles de 16, 18 y hasta 20 habitaciones por turno. Es un desgaste físico y mental brutal” confiesa.

Falta personal en este sector que se suple exigiendo una polivalencia injustificada. “Hay recepcionistas que tienen que tienen que hacer de camareros o camareros asumiendo tareas de recepción”. Pero sobre todo, este profesional denuncia la situación de las camareras de piso, colectivo en el que hay una alta presencia de mujeres migrantes que “por miedo o vulnerabilidad asumen estas condiciones sin denunciar”.
El convenio de hoteles, actualmente vigente, recoge una importante subida salarial del 14 por ciento en tres años: 5 por ciento en 2026, 4,5 por ciento en 2027 y 4,5 por ciento en 2028. “Pero el dinero a veces no compensa el nivel de estrés ni el impacto en la salud porque los sueldos en hoteles de tres estrellas rondan los 1.200-1.300 euros netos, y en cuatro estrellas unos 1.400 euros”. Estrés y dolencias físicas. “Las dolencias, especialmente en la espalda son constantes y las mutuas tienden a derivar los casos a la Seguridad Social sin asumir las patologías derivadas del esfuerzo”.
Por todo ello, este profesional exige el cumplimiento estricto del convenio, respetar el calendario de descanso y que los cambios de turnos sean siempre de mutuo acuerdo y no por imposición unilateral de la patronal: “Si vendemos ‘La Rioja Calidad’ como marca turística no podemos sostener ese modelo sobre la precariedad de las plantillas”.
Precariedad en el hotelería y también en la hostelería. Con doce años de experiencia, esta profesional formada con diplomas de profesionalidad en cocina y madre de dos menores, relata las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar.
“La conciliación es insostenible”
“Tengo una reducción de jornada por mi hija menor y hago turno de noche de 19:30 a 01:00, con dos días de turno partido a la semana. La conciliación es insostenible”. A lo que añade una práctica habitual que dificulta aún más su día a día: “Es muy habitual que te obliguen a firmar el registro de jornada con un horario que no refleja la realidad para no pagarte las horas extra”. Algo que reconoce hacía antes de conocer sus derechos. “Tras vincularme al sindicato he podido abrir los ojos y exigir lo que me corresponde”.
Además, explica que a pesar de tener titulación y formación y de asumir responsabilidades como jefa de cocina, su salario apenas llega a 1.422 euros netos contando la antigüedad. “En este sector, cuanto más tiempo llevas, menos te valoran. Ponerse enferma o pedir tres semanas de vacaciones parece un delito porque las empresas se niegan a contratar refuerzos. Asumes las tareas de cocinera, ayudante y fregaplatos al mismo tiempo para que la propiedad reduzca costes”.
Y al igual que en la hotelería, esta profesional también denuncia presiones, sobre todo, hacia personas sin experiencia, extranjeros y en situación de vulnerabilidad“porque no conocen sus derechos son más fáciles de manejar. Hay compañeras, en la zona de la calle Laurel donde yo trabajo, con contratos de 30 horas haciendo jornadas maratonianas sin cobrar un euro de más”. Y según cuenta no pasa nada porque “en nueve años jamás he visto una Inspección de Trabajo en el local. Si no hay personal en la hostelería no es porque la gente no quiera trabajar, es porque ningún profesional va a aceptar condiciones pésimas y sueldos de miseria mientras los establecimientos siguen haciendo caja”.

